EL SINSENTIDO DE LA SANIDAD y la fortuna de dinero que se podrían ahorrar si realmente quisieran…

Hay artículos que, cuando lo pienso, se escriben más por rellenar que por aportar algo nuevo, y éste es el caso de uno de ellos, ¿porqué? Pues porque cuando se habla de este tipo de cosas es como gritar al viento, echar en saco roto o hablar con las paredes, que son sinónimo todos ellos de perder el tiempo.
La cosa es así de obvia: hemos creado un sistema industrial pensado para satisfacer unas necesidades creadas por esta sociedad, creadas por todos nosotros, y entre esas necesidades encontramos la de disponer de “alimentos” de forma rápida, lo más rápida y sencillamente posible.
Desde comidas preparadas, como pizzas, platos precongelados u otra infinidad de cosas, hasta establecimientos de comida rápida y entrega inmediata o a domicilio. Pero sabemos que ese tipo de comida, por sus ingredientes y aditivos, por su forma de elaboración y conservación, o por su forma de preparación, rara vez son saludables. En el asunto de los ingredientes es ya norma que la propia autoridad sanitaria de la administración pública autorice el uso de azúcar, sal o harinas refinadas, que exija la pasteurización de los alimentos para su conservación y que las industrias utilicen conservantes y sistemas artificiales de conservación autorizados que tampoco podrán presumir de saludables.
Sabemos que no son los mejores alimentos pero es lo que encontramos, lo que la industria nos ofrece. Encontrar otros alimentos de mayor calidad por lo general supone tener que ir a establecimientos más especializados, por lo general escasos y caros, o el querer consumir alimentos naturales y frescos las más de las veces supone un esfuerzo y un tiempo que no tenemos o no queremos dedicar. ¿es mentira?
Pero lo realmente preocupante no es que nosotros seamos tan estúpidos como para no querer preocuparnos de nuestra alimentación, lo que debiera preocuparnos de verdad es esa confraternización consentida de la administración con la industria alimentaria y con la farmacéutica. Para muestra un botón: http://www.migueljara.com/2010/02/16/una-maquina-para-inventar-enfermedades/
Durante los últimos años se ha publicado mucho sobre el fenómeno que los ingleses llaman tráfico de enfermedades. El concepto de enfermedad va estirándose todo lo posible para abarcar a la mayor cantidad de personas que sean catalogadas como “enfermas”, aunque no lo estén, claro. El objetivo es que todo el mundo esté medicado para algo. El escritor Mike Adams ha desarrollado un invento por el que cualquier persona puede crear su propia enfermedad mental. Con ello trata de poner en evidencia los enormes intereses creados que hay en torno a determinadas enfermedades que no lo son y que sólo existen como excusa para vender más fármacos. Adams ha denominado a su invento La máquina de crear enfermedades.
Ésta consiste en un programa que coge al azar un grupo de síntomas que suelen darse en persona con patologías psiquiátricas y genera extraordinarios diagnósticos -inventados, claro- pero cuya gracia -o falta de ella- está en que suelen asemejarse a denominaciones de enfermedades mentales que podemos encontrar en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales que, publicado por la Asociación Psiquiátrica Estadounidense, es más conocido como DSM-IV. Este manual es la “Biblia” de la psiquiatría y en la actual versión, la cuarta, ofrece un catálogo de más de 800 enfermedades mentales (en breve renovará su contenido y se auguran numerosas nuevas patologías que sumarán más de 1.000 diagnósticos diferentes).
Aquí tan solo hablo del modo en que funciona este sistema burocrático-administrativo que nos atrapa, nos controla y nos castiga, y eso sin meterse siquiera en intereses creados y en negocios sucios de los que no se puede hablar por falta de pruebas (que no de evidencias).
Pero la cuestión es así de sencilla: cuando a la administración le interesa algo basta con que pongan, perdón, IMPONGAN una norma y ya estaremos todos perdiendo el culo para cumplirla bajo pena de multa y castigo. ¿unos pocos ejemplos?, ahí va eso: Seguridad vial: nos obligan a llevar un par de triángulos HOMOLOGADOS y un chaleco reflectante, Dios mío ¿cómo pudimos vivir antes sin eso en los vehículos?, me pregunto quién se enriqueció en base a esa norma ¿tal vez el mismo que tuvo que cambiar todas las señales de velocidad de 120 a 110 para volver a cambiarlas antes de un año a 120 otra vez?; tabaco: norma de separar en bares y restaurantes zonas de fumadores y no fumadores, para obligar en menos de dos años a que todas estas instalaciones y otras muchas se prohibiera el fumar. No nos confundamos, no digo que las ideas sean malas, aunque si represivas, lo que pasa es que deciden cosas “por el bien de los ciudadanos” pero parecen más campañas de imagen que verdaderos proyectos de prevención. Y sin embargo aún nadie ha propuesto que se enseñe a comer de manera saludable en las escuelas ni se han prohibido muchos productos o tratamientos en la industria alimentaria, cuando el solo eliminar determinados productos o enseñar ciertas normas de alimentación podría reducir posiblemente la mitad de las enfermedades hospitalarias, porque todos sabemos que obesidad, colesterol, diabetes, hipertensión (como las más representativas) y otro montón de enfermedades están directamente relacionadas con la alimentación.
¡vamos a ver! Seriedad, nos dicen lo que tenemos que hacer, mejor dicho, nos imponen lo que debemos hacer para determinadas cosas pero les da igual si nos matamos en otras?, o sea, que yo no tengo derecho a matarme por no llevar el cinturón de seguridad si no quiero pero si tengo derecho a comer azúcar hasta morirme. ¿Que me va a costar más trabajo morirme de consumir azúcar?, ah!, bueno, si es por eso no pasa nada, pero ¿saben un dato curioso? Los tratamientos de cáncer (también relacionado en gran medida con la alimentación) o las operaciones de miocardio en gente con arteriosclerosis y problemas cardíacos (también relacionados con la alimentación) creo que son muchos más que lo que se pueden gastar en accidentes de tráfico, pero no un poco más, sino muuuuuucho más, y claro, me dirán que eso es porque ya se preocupan de que no nos matemos conduciendo. Pues ya de paso igual podrían invertir en que tampoco nos muriésemos de infarto ni de cáncer, pero no tratando cuando ya no tiene remedio, sino previniendo también, para que eso no ocurra.
Y ahí queda eso.

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